Novocaine en Netflix: La anestesia perfecta para apagar tu cerebro un par de horas
Un oficinista sin carisma y con incapacidad para sentir dolor se convierte en el justiciero más accidental (y apaleado) del catálogo. Analizamos la nueva comedia de acción donde el verdadero milagro es llegar a los créditos finales.
Novocaine: O cómo sobrevivir a un asalto bancario sin sentir dolor (ni rastro de originalidad)
Si algo nos ha enseñado el catálogo infinito de Netflix, es que no hay límite para reciclar la fórmula de “chico ordinario se convierte en máquina de matar por razones absurdas”.
En Novocaine, la ruleta de las enfermedades raras de Hollywood se detuvo en la Insensibilidad Congénita al Dolor. Conozcan a Nathan (Jack Quaid, haciendo de… bueno, Jack Quaid, pero con menos presupuesto que en The Boys), un cajero de banco cuya mayor tragedia no es su incapacidad física de sentir una fractura expuesta, sino su absoluta y devastadora falta de carisma social. Es el típico “chico bueno” que cree que mirar a su compañera (Amber Midthunder) de trabajo fijamente desde el otro lado de la oficina durante meses, eventualmente contará como una primera cita. 🤡
Como dictan las sagradas e inamovibles leyes de la pereza narrativa, Nathan está perdidamente enamorado de ella. La trama avanza durante los primeros minutos con la misma intensidad emocional que actualizar los términos y condiciones de un software, hasta que, ¡oh, qué giro tan sorpresivo e inesperado!, la sucursal es asaltada. Los villanos, que claramente no pasaron el filtro de inteligencia para ser secuaces competentes y parecen haber estudiado tácticas criminales viendo dibujos animados de los Looney Tunes, toman a la chica como rehén. Es aquí donde la película nos exige que suspendamos nuestra incredulidad y aceptemos que un oficinista cuya mayor actividad física es teclear, mágicamente se convierte en un híbrido entre John Wick y un muñeco de pruebas de choque. 😆
A partir de la segunda mitad, el guion abandona cualquier intento de coherencia. El desarrollo de la historia se vuelve tan plano y frustrante como navegar por una interfaz de usuario mal diseñada donde todos los botones te llevan a una página de error 404.
Vas saltando de una escena de violencia a otra sin entender muy bien cómo la física funciona en este universo. Nathan es apuñalado, golpeado con bates y baleado, y su reacción es la misma que la de alguien a quien le cancelan una reunión por Zoom de última hora: un suspiro de resignación antes de seguir adelante. El único “atractivo” real es apostar cuántas lesiones, médicamente incompatibles con la vida, puede acumular un ser humano antes de desangrarse. Spoiler: demasiadas.
Lo más fascinante es que el director intenta, por breves y bochornosos instantes, que nos tomemos el drama en serio. Nos lanzan destellos de romance metidos con calzador entre palizas brutales, creando una mezcla tonal tan desconcertante que te deja fuera de sí.
Quaid hace lo que puede con sus habituales expresiones de pánico y confusión crónica, pero ni siquiera él logra salvar un tercer acto que parece escrito por un algoritmo alimentado exclusivamente con clichés del cine de acción de los años noventa.
En conclusión, Novocaine cumple a la perfección lo que promete su título: es un anestésico puro y duro. Te adormece las neuronas durante casi dos horas, dejándote con una vaga sensación de vacío y la certeza absoluta de que podrías haber invertido ese tiempo en algo mucho más productivo, como vaciar la caché de tu navegador o mirar fijamente la pared.
No es exactamente la obra maestra del siglo, pero irónicamente logra entretener. Es rara, sí, pero tiene escenas que te enganchan sin que te des cuenta. No sé si encaje del todo con tus gustos, pero francamente, ¿qué importa? Es la opción perfecta para desconectar el cerebro y sobrevivir a esa semana de mierda 💩 que recién arranca.
Calificación: ⭐⭐⭐⭐⭐




